octubre 28, 2009

Regresos

Tardé tres días trazando tu espalda
porque no hay memoria instantánea
cuando el tiempo teje sus velos.

Tu espalda fue templo,
patria antigua,
exilio.

Fue puente para poblar
los extremos más hostiles;
faro para no encallar,
playa donde mudaron las olas.

Y ha sido la ruta del eterno retorno.

octubre 22, 2009

Suma

Todo se acaba:
la despensa, el dinero, la ropa limpia,
el piso bajo mis pasos,
la serenidad del espacio interrumpido.
Ya escasea la luz que beben las lámparas
y el ruido de los electrodomésticos
(los que tengo y los que no podré tener).

Y cuando besamos, se acaba el beso
y el deseo, si conseguimos.
Frente al espejo, el de ayer se acaba.

Todo ha sido etiquetado en negativo
para una suma interminable.

octubre 19, 2009

Arranques

Estas ganas de irme
porque quiero quedarme

siempre
a veces
nunca

y ya no esperar la neblina
que acaricia las montañas,
ni las cortinas de lluvia
que se clavan en el pavimento

octubre 18, 2009

Un poco de nostalgia



El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
--------
Rafael Alberti
---------
-----------
Fui yo quien quiso desenterrarse del mar. No me arrepiento, pero hoy me pensaba caminando en la arena, pensaba en mis huellas borradas por las olas, en las dunas que jamás me atreví a pisar. Quise ir a las escolleras para ver algún mapache y regresar en busca de la puesta de sol; descansar el cuerpo bajo una palapa en espera de la brisa marina, fresca, salada; con una chela, por qué no, nunca me he tomado una chela frente al mar. Quise ver a los niños tiritando de frío, acarreando agua y paciencia en cubetitas para llenar sus albercas improvisadas que jamás se llenan; a las señoras gordas siguiéndolos; a los señores calvos que usan diminutos trajes de baño estampados en animal print. Quise que los vendedores me ofrecieran ceviche, jaibas rellenas, trencitas, collares, mi nombre en un grano de arroz... Esta vez no quise huir hacia una playa virgen y lejana, me dieron ganas de estar en la playa que dejé.


octubre 07, 2009

Said, Aye, Jorge y yo


Es el día de mi bautismo. Ya bastante crecidita, como puede verse, tenía dos o tres años: la mala costumbre de mis padres de dejar todo para después. Quizá no estaban seguros de ser católicos o nadie quería apadrinarme o… ¡ah! Ahora recuerdo. Mis padres no están casados y mi tía-madrina también vivía en el pecado. No podían bautizarme en Papantla porque la iglesia de ahí es muy estricta en cuanto a las normas del sacramento. Tuve un bautismo casi clandestino, en una iglesia de Poza Rica donde nadie nos conocía y resultó fácil no acatar las reglas. Creo recordar que lloré en el momento de pasar a la pileta de agua bendita y que ese día asaron carne y yo estaba en la hamaca. Me entristece pensar que tal vez me invento los recuerdos. Imposible recordar el momento de la fotografía. Said y Aye tenían cinco o seis años; Jorge, cuatro o cinco. Yo, la más pequeña de los cuatro, desde siempre, para siempre.

septiembre 21, 2009

Hace tiempo advertí en mi piel las señales del exilio. Cada vez estoy más lejos.

agosto 11, 2009

Camino a casa (II)

Crucé el atrio de la iglesia. Volteé para mirar el mercado que construyeron sobre las cenizas del que fue en otro tiempo. Dicen que se incendió por las veladoras del yerbero. A mí el yerbero siempre me dio miedo, sin embargo, me gustaba pasar por su local y tocar las yerbas desconocidas que tenía en los costales, mirar los santos de rostro doloroso en las repisas, los escapularios, las velas, los amuletos y mirarlo a él, con el rosario como collar, su cabello largo, cano y alborotado y en las manos quizá una Tv y novelas o el periódico o un libro esotérico, pero no el libro vaquero, no, el libro vaquero era para los de otros puestos. Tengo recuerdos de la noche del incendio, hasta mi casa podían escucharse las sirenas de los bomberos, un vecino tenía un pequeño local, nos dimos cuenta cuando le avisaron, en esos días no se habló de otra cosa. Tardaron años para iniciar la construcción del nuevo mercado, finalmente, luego de muchas controversias, se erigió un edificio de tres plantas con estacionamiento. He entrado al nuevo mercado Juárez como cinco veces, me parece que mandaron al yerbero al tercer piso.
Desde lo alto del atrio de la iglesia se puede mirar el centro de Papantla. He perdido la cuenta de las ocasiones en que ha cambiado de color la fachada de la presidencia municipal; ha sido amarilla, azul, naranja o verde más extrañas combinaciones. Ahora es morada con vistas verde pistache, por lo menos no es roja. Bajé las escaleras que están junto al café “Catedral”. Era mediodía, compré agua de horchata y decidí caminar hacia la casa. Pasé por tiendas de ropa, relojerías, consultorios y cantinas que aunque existen desde que nací, nunca me ocupé en observar. Llegué a SuperChe, el primer supermercado similar al de las ciudades más grandes. Cuando era niña íbamos a Poza Rica a hacer las compras, íbamos a Chedraui, a Gigante, a Six-Pack; a mí me subían al carrito, mi hermano se limitaba a trepar un poco la parte frontal al acecho de un regaño, seguramente se le notaba en los ojitos las ganas de estar en mi lugar. Fueron los años de la leche Boreal, de jugar con mi hermano al comercial del conejo Duracell y dejarnos caer en el colchón de la cama. Las compras en Poza Rica estaban acompañadas de la visita a mis tíos y primos. Mis primos, dos, como nosotros: ella de la edad de mi hermano, él dos años mayor que yo. El saldo de la visita consistía en un niño herido o enojado. Éramos los Power Rangers. Yo nunca pude ser la chica rosa. No le guardo rencor a mi prima.
Seguí caminando y llegué a la esquina de “La perla”, donde hacían y distribuían paletas heladas. Nunca comí esas paletas, cuando pasaba por ahí era en lo que menos pensaba; pensaba en las dos señoras que lucían enojadas en el mostrador o cerca de la puerta o de los refrigeradores. Ahora imagino que en lugar de paletas era posible que tuvieran muertos o pedacitos de niños congelados. La paletería tenía aspecto fúnebre. “Son dos hermanas que nunca se casaron” alguna vez me dijo mi mamá. Ya no existe “La perla”, no sé si las hermanas murieron o simplemente se marcharon de Papantla. Ojalá hayan huido con algún amante para gastarse los ahorros de tantos años de trabajo.