noviembre 06, 2010

Días pasados

Con un andar que en cartas bien describe alguien a lo lejos, el mismo que mi madre siempre intentó corregir pero finalmente preferí asumir como mío y no cambiarlo, me muevo por el mundo. Salgo del pequeño departamento en Xalapa, voy por las calles, me subo a los autobuses, visito pueblos en secreto, llego a las casas que una vez fueron mías y ahora sólo me reciben para decirme cómo ha cambiado todo y seguirá cambiando.

Llegué a la casa donde crecí. Hay primos pequeños que quieren que los lleve a jugar al parque cercano. No estoy de humor, les digo tristonamente mientras me como una mandarina, sus caritas parecen no entender, insisten sólo un poco más y deciden seguir jugando en el patio. Siempre los llevo, me digo, los llevo y me siento en el columpio, a veces me mecen, los meso, caminamos un poco y recojo piedras o semillas de cedro y me río de sus ocurrencias de niños, luego volvemos a casa y me preguntan si se portaron bien y suelto un sí algo dudoso. No estoy de humor y hay muchas personas en la casa, no encuentro sitio en la cocina, el comedor, la sala, las recámaras ni el patio, ando de un lugar a otro haciendo comentarios banales sólo por decir algo. Un rato estoy en el portón mirando la calle. Más tarde, les propongo a mis primos acompañarme al cementerio. Aceptan de buena gana, les dan permiso y nos dan dos veladoras.

Camino con ellos por el cementerio que está a la vuelta de la casa. Recuerdo que de pequeña, cuando todavía no teníamos muertos, caminé alguna vez por ahí con las dos personas a las que ahora llevo veladoras. Pienso en llevar flores también, hay que ir al final del cementerio para comprarlas. Aceptan de buena gana. Vamos, compramos, volvemos. Vamos a ver a tu mamá, le digo a H. Le miro la carita, porque después pienso que es muy duro que se lo diga así, aunque ni siquiera la conoció, necesito decírselo, no quiero que se le olvide. Le pregunto si sabe dónde, claro que sabe, mejor que yo. Tú mamá. Llegamos. Me duele más que la abuela, es verdad. Porque veo su foto, sus veintiocho años, a mi lado la trascendencia de ella, porque recuerdo su mano grande, regordeta, blanca y fría con que apretaba la mía para llevarme algún lado, que me peinaba porque a mi mamá siempre le desesperó eso, recuerdo abrazar su panza de embarazada, recuerdo sus galletitas. Lloro un poquito, mis primos como que se burlan, no entienden. Sólo H se queda callado. Lo miro y me pregunto si alguna vez en sus casi once años ha llorado por ella. Tal vez no, aún no. No, porque él no puede dar cuenta de lo que yo, no podría soñar sus manos frías. Nos vamos.

Vamos de vuelta otro trecho. Siguen jugando. Llegamos con la abuela. Me pregunta mi prima si la conocí. Razona y ella misma se contesta que sí. Es lógico, soy mucho mayor. H también se acuerda, los dos le dicen a R que él no, que era muy pequeño. Nos sentamos en la tumba. Pienso en las dos gavetas que tiene. No quiero pensarlo más. Ha comenzado ha oscurecer. Mi papá y mi tio llegan. Volvemos a la casa. Creo que el cementerio fue mi único sitio esta vez.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

¿y las pequeñas partes del hecho?

Marlén dijo...

No entiendo el comentario.

Anónimo dijo...

En otras palabras, y con el propósito de no utilizar la palabra hecho, ¿dónde está el numen que permitió hablar de esa forma de tu realidad?

Marlén dijo...

¿Algo en específico? No sé. Vaya donde vaya respondo ante el influjo de las cosas a mi alrededor, pero hay sitios en particular que me acarrean recuerdos y preguntas, muchas. Creo que a todos nos pasa.

Anónimo dijo...

Es muy subjetivo, ya lo veo. Pero en fn, entonces ¿la adecuación es con lo extramental o lo subjetivo? sea cual sea la respuesta es buena tu forma de expresión!

Marlén dijo...

¿Cuáles serían los límites? ¿habría distinción? Pero sí, me parece que la conciencia desde la propia mirada es inevitable.

Anónimo dijo...

Buena respuesta. Pero, esa palabra "límites". a qué se hace referencia, es decir, a los límites de la mente o de la realidad. En otras palabras, ¿el límite radica en la forma metafórica de interpretar un acontecimiento o el ser fundamentados analíticamente? fue un gusto Marlén!

Marlén dijo...

Mi duda es respecto a lo extramental y lo subjetivo. También ha sido un gusto.

Anónimo dijo...

En realidad, el numen del relato se cristaliza en la aprehensión de la realidad como forma de objetivizar el mundo. El referente extramental, aun que casi inistinguible, existe la manifestación de los referentes concretos al mundo tangible. Al final, creo, el único lugar realmente habitamos todo el tiempo es el de los muertos. "Somos para la muerte". Considero que falta cohesión en el texto, hay ciertas expresiones que no se justifican al nivel del relato, que en realidad suenan más a construcciones de relleno.

R.W.

Anónimo dijo...

Esa frase " el lugar de los muertos" ¿ tiene referente? Todo ello para predicarle ciertas características.

Marlén dijo...

¿Quién es R.W.?

Anónimo dijo...

no lo sé, pero suena a filosofo pedante

Anónimo dijo...

¿Qué es, desde tu postura, aquella connotación de " filósofo pedante?